Voces, empoderamiento, autoestima, y café.

¡Yo un café con leche largo de voces! ¡Para mí una clara de empoderamiento! ¡Nosotros un chupito de autoestima, por favor!

Por Carlos Mañas

La variopinta oferta de productos es un ejemplo de la carta de degustación que el pasado día 19 de abril pudieron saborear  los que asistieron al Café de las Voces celebrado en la sala  Barbieri.

Yo tuve el honor de ser el camarero emocional de tan singulares opciones para los clientes y he de confesar que tenía pavor a que  la bandeja,  en algún momento, se me resbalara de las manos, o lo que es peor,  que me equivocara a la hora de hacer la comanda.

 El temor no era infundado,  estaba convencido que muchos de  los clientes venían ex profeso al local para probar algunos de los productos que el Café de las Voces había promocionado a través de la Fundación Manantial.

Me aterraba pensar que el chupito de autoestima, por ejemplo, no fuera del agrado de los invitados y sospecharan que era de garrafón, como el que venden los psiquiatras. O que del café con leche largo de voces lo único verdaderamente bonito fuera la taza que lo portaba. Algo parecido al diseño de los  envases de  los antipsicóticos: intentan vestir con colores pastel sus efectos secundarios.

Estaba claro que el público gozaba de un paladar social exquisito.  No en vano,  muchos de ellos pudieron percibir detenida y placenteramente el sabor de las palabras de personas a las que admiro, como Juan José Millas en ocasiones precedentes.  El listón estaba muy alto.

La Fundación Manantial, de la mano de Raúl Gómez, había sentado un control de calidad que buscaba la excelencia.  Es una delicia colaborar con gente que no aborta tu creatividad.  Raúl es de ese tipo de personas  que no te cortan  las alas cuando tomas carrerilla para alzar el vuelo, de las  que te  permiten  nadar en la piscina grande. Obviamente me dio libre albedrío, podía escoger el equipo, los ingredientes, la vajilla…  con una sola condición: que el Café de la Voces no fuera descafeinado. Es decir, que desde el primer sorbo se despertara el aroma de la salud mental  en todos sus matices. ¡No valían sucedáneos!

Mi equipo lo forme por un conocido sommelier de la farándula, Sergio Pazos, mucha gente lo recuerda de cuando trabajaba en la conocida cafetería Caiga Quien Caiga (CQC). El local tuvo que cerrar porque sin avisar no le renovaron el contrato de arrendamiento. Actualmente es autónomo y recorre toda España en una food truck, vendiendo perritos calientes de sonrisas, huevos rotos con ironía y si eres uno de sus fans, como un servidor, te deja fumar mientras le ves actuar.

También conté con la colaboración de Javi Martin otro camarero de la cafetería Caiga Quien Caiga. Estando Javier y Sergio nada podía fallar. Les di a probar los cafés antes de sacarlos al Café Barbieri y me dieron su aprobación. Desistí que probaran los chupitos, pues si ya derrochan talentos ebrios no me quería imaginar cómo serían dopados. Me dejarían en segundo plano.

La inestimable aportación de Paula y Cristina de la Fundación Manantial resultó igualmente gratificante. Ellas se encargaron de moler los granos de café emocional y de la importantísima disposición de los clientes a lo largo de la sala.

Para amenizar la velada, la música en directo hizo acto de presencia de la mano del  grupo Terracota liderado por el compositor  Josemi Subiza (ex componente de la Década Prodigiosa/ representante de España en el Festival de Eurovisión  1988). Cerrar el evento con Josemi y su grupo me permitía albergar la esperanza de que la gente pudiera abandonar el  Café Barbieri bailando o silbando el último estribillo de sus canciones, sobre todo la que dedica a la salud mental.

Llego el momento de la degustación: 17:30 horas. Estábamos todos listos.  Contaba con un equipo de lujo y unos ingredientes elegidos con plena libertad creativa de los que destaco el humor, la música, y sobre todo un argumento escénico cuyo propósito era despertar la curiosidad de los presentes acerca de la salud mental de manera ajena al victimismo u otro mensaje simplista, repetitivo, copiado, reciclado… En mi cabeza,  que acostumbra a hacerme trampas, solo se albergaba una meta a tener en cuenta: si teníamos la suerte de resultar memorables, que el motivo del recuerdo fuera impuesto por algo que nos hizo reflexionar; que  si salíamos en la prensa del día siguiente la gente pudiera leernos en la sección de cultura, sociedad, cualquiera menos en la de sucesos que es donde, salvo contadas excepciones suele aparecer el colectivo de salud mental.

La gente ya está sentada,  y está esperando a que les sirvamos la comanda. Comenzamos y lo hago de manera directa. Deteniendo mi mirada y dirigiendo mis palabras a una zona del público que parece estar concentrada en un grupo. El rodear con tantas sillas una mesa tan pequeña les delata. Lo hago a gusto, sus ojos se parecen mucho a los míos,  pierden su color cuando estamos sobrados de medicación.  Me propongo el robarles una sonrisa con la ayuda de Sergio, o con algún comentario irónico que pueda utilizar como comodín. Si lo consigo, me doy por satisfecho. Cuando los fármacos te borran la sonrisa, siempre recuerdas la última vez que te has reído.

Parece que lo estamos consiguiendo, el grupo de la mesa ha hecho el gesto de alegría deseado.  Unas cuantas imágenes llenas de sarcasmo  que describen como somos vistos por los cuerdos enlazados con unos cortes musicales, irreverentes,  lo han hecho posible.

Ahora me quiero dirigir a la parte más alejada de la sala. Me han llamado la atención dos personas trajeadas que estaban en el café Barbieri antes de comenzar y ni siquiera han pedido el café con leche largo de voces. Espero que no sean visitadores médicos.

Me arriesgo y prosigo con otras ilustraciones acompañadas de una disertación cuyo leitmotiv demuestra fehacientemente  como en ocasiones las personas con trastorno mental grave somos el tonto útil de las casas farmacéuticas. Se han reído, si son visitadores médicos lo disimulan muy bien y seguro que también se llevan un recuerdo.

Vuelvo a realizar otro barrido visual y descubro parejas en grupo;  podría asegurar que son familiares de gente como yo.  A ellos les quiero regalar las palabras de Sergio Pazos. La retranca de Sergio te separa de la angustia y te hace pensar en positivo.  Sergio les ha contado un cuento con moraleja y he notado que les ha hecho felices.

Se acerca la hora de clausura, los cafés están fríos y la gente incluso ha repetido la consumición. Quiero cerrar el acto con música en directo, a ver quién se atreve a tararear o a bailar.  Es el turno del grupo musical liderado por Josemi Subiza. Suenan las primeras notas de una canción y se invita a que la gente la secunde con palmadas, primero son los más jóvenes, luego los familiares, y al final mi gente, la que al principio tenían la mirada más triste son los que aplauden más fuerte. Podemos ser felices. Yo lo soy gracias a mi mujer Betty y mis hijos. Vosotros también podéis tener familia, trabajo y hasta un perro.  Basta con intentarlo.

Gracias Raúl por dejarme nadar en la piscina grande.

http://labarandilla.org/2393-2/

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s