Pedro Lara sobre cómo fue para él participar en el Café de las Voces el pasado 8 de Marzo.

Es difícil desnudar y abrir el alma a otras personas, más aún cuando llevas tiempo sin hacerlo. Mostrar el interior y dejar que salgan las voces en forma de canciones y poemas y se hagan oír ante el público. Ese público al que agradezco su especial interés por mi historia, por aquello que contaban mis poemas y que forma parte tan intrínseca de mi vida. Aplausos y sonrisas fueron lo que devolvieron las personas que escuchaban atentas como mis voces cobraban vida en sus oídos, carcajadas amables incluso, cuando me atreví a tratar con bromas asuntos graves y serios para quitarles hierro, para restarles dolor y ganar la partida o el pulso a momentos y sucesos que marcaron mi pasado y mi presente.

Gratitud es la palabra y la sensación que se me queda de mi experiencia en el “Café de las Voces” que me acogió en mi recital “El Poder de las Voces” y permitió que éstas hablaran por mí y pudieran dar su mensaje de esperanza y de superación a los allí congregados. ¡Muchas gracias!

Os dejo con mi canción “Voces” que sirvió como inicio al recital y que dedico a la organización y a los allí presentes aquella estupenda tarde de marzo:
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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL WHATSAPP (SOBRE LA DAMA Y LOS LAURELES )

Escribe: Paz Martínez Lone

El pasado 22 de febrero el Café de las Voces acogió el Libroforum que habitualmente se realiza en el  Hospital de día de Ponzano (IPMS Clínico San Carlos). El libro que abrió el debate fue la “Dama y los Laureles” de Leonard Merrick, publicado por editorial Ardicia.

El café se llenó de pacientes, familiares y el equipo terapéutico de Ponzano, además de los habituales al café. Contamos también con el editor del libro, Julio Guerrero Altares, quien contextualizó la obra y abrió debate.

No cabía un alma y el micrófono pasaba de un extremo del bar a otro dando voz a muchas personas que iban abriendo foco, y aportando múltiples visiones a la historia de William Childers y Rosa Duchêne. Entre todos, la visión única y personal que cada uno de nosotros traía, se fue ampliando como en uno de esos caleidoscopios que hacen los niños en el colegio con pedacitos de vidrio. En cada vuelta aparecía algo nuevo, la realidad no siempre es lo que parece.

La obra, tremendamente psicológica abordaba como tema principal el amor y situaba  al lector en una disyuntiva: ¿qué prefiero, vivir en una realidad dolorosa o vivir en una fantasía que me hace sentir feliz?

¿Las emociones que uno siente, aunque partan de un engaño, de una fantasía compartida, pueden ser lo más real de nuestra vida?

¿Es el amor que vemos en el otro el depositario de aquello que fuimos, somos o querríamos ser? ¿Nos enamoramos de un reflejo de nosotros mismos, de una ilusión?

Estas fueron algunas de las preguntas que fuimos abordando. En cada capa deshojada, el análisis de los personajes mostraba cómo detrás de la aparente compasión pueden encontrarse muchas carencias, cómo a veces dos personas se unen inconscientemente para nutrirse y compensar aquello que siempre faltó.

La obra, de alguna manera retrataba el tema de la ceguera del amor, como en ese cuadro de Magritte en el que dos amantes se dan un beso ataviados de un pañuelo blanco que no les deja verse.

Hablamos también de cómo las nuevas tecnologías ofrecen esta posibilidad de esconderse, de vivir en un personaje y mostrar únicamente la parte de nosotros que queremos iluminar.

Quizás fue un café más intelectual que otros, como también lo es esta crónica.  Quizás hablar de apariencias, genere algún efecto y sea más difícil llegar al corazón de la emoción, a aquello que nos hace sentir únicos, libres y genuinos. ¿Tendrá algo que ver con que hablamos del amor y el miedo que nos da eso?