Si tú me dices Jenn, lo dejo todo. 8 de Febrero en el café de las voces, Madrid

 

Fotógrafo: César López Palop.
algunos derechos reservados.

El pasado 8 de Febrero, en el Café de las Voces, tuvimos la suerte de compartir dos horas con una de las novelistas más jóvenes y prometedoras de este país: Jenn Díaz. 28 años, barcelonesa y del Barça. Con 24 años ya tenía 4 novelas publicadas. En la actualidad, tiene 5 y aparece en dos antologías, además de colaborar con diversos medios. Nadadora federada hasta los 19, decidió abandonar su primera vocación por la literatura y usar la piscina para sumergirse en lo interno y sacarlo a superficie con canto de sirena. A Jenn le interesa lo íntimo, los secretos a voces que hay en todas las familias, la orfandad, lo que brilla por su ausencia. Los padres que se convierten en padres el día de su muerte, las paradojas de lo cotidiano. Las madrastras y las nietas que conectan con sus abuelas como esas enfermedades raras que se saltan una generación.

Durante el café, compartió con nosotros su encuentro con la literatura y cómo fue descubriendo que su afición devendría destino. Escuchándola, venía a la cabeza ese pasaje de Rayuela en el que el protagonista y la Maga se encuentran y desencuentran para no perderse nunca (Andábamos sin buscarnos, pero sabíamos que andábamos para encontrarnos) .

Siempre escribió: cartas, diarios íntimos… pero se sintió verdaderamente escritora cuando asumió que necesitaba de la escritura para comprender la realidad y a sí misma. “Lo que no se entiende, hay que escribirlo”.

Debatimos sobre el poder terapéutico de la escritura y cómo el ordenar el pensamiento en un texto crea un andamiaje que permite meter dentro experiencias intensas, tan difíciles de integrar que, si se contaran a bocajarro tal como sucedieron en realidad, resultarían literariamente inverosímiles.

Jenn lo tiene claro, el buen relato necesita de distancia psicológica. Escribir desde la experiencia, requiere que el autor sea consciente de que necesita destilar esas experiencias algunos años, a veces muchos. El autor necesita despegarse de esas experiencias, mirar con distancia para poder crear e inventar otras alternativas diferentes a las que sucedieron en la realidad. Líneas de fuga.

Relacionamos el tiempo del relato con el trabajo terapéutico, y como en ocasiones, exigimos a los pacientes que relaten toda su historia a modo de historial, sin permitirles el tiempo suficiente de elaboración, de reposo en barrica. Pensamos como las historias de un mismo autor, son la misma repetida a lo largo de diferentes obras y reflexionamos sobre el conflicto de libertades que implica escribir contando la verdad y nada más que la (su) verdad.

Tiene algo Jenn, con su prosa sexagenaria y su sonrisa veinteañera.

Ver más fotos en: http://imagenenaccion.org/fundacion-manantial-cafe-barbieri-2/

 

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